La bailarina española Itziar Mendizabal es una primera
solista del Royal Ballet. Comenzo sus estudios en la escuela
de Elvira Ubierna, en su tierra natal, desde los cuatro años
y posteriromente en la escuela de Víctor Ullate (1995-1998).
Su primera compañia es el Ballet de Victor Ullate , el primer
director artististicó de la Compañia Nacional de Danza, este el
el trimogésimo aniversario de la compañia de Victor Ullate, es
esta compañia la que cambiara de dirección artistica, sera Lucia
Lacarra la que dirigira a partir de ahora. Iziar fue compañera
Lucia Lacarra en el Royal Ballet cuando esta era primera bailarina
del Royal Ballet. Después la siguiria el Ballet de Zurich en
calidad de demisolista, el ballet de Leipzig como Primera solista
y bailarina Principal, y sera a partir la temporada 2010/2011
que ya comienza como Primera solista del Royal Ballet de
Londres. Hemos estado con ella el Teatro Real de Madrid con la
represenatción del Royal Ballet, El baile de los cisnes. Todo un
recuentro en los 20 años de la bailarina como profesional.

¿Qué se sientes como española al estar en el mismísimo
Royal Ballet?
Muy orgullosa. Es una de las cuatro compañías más importantes
del mundo, el teatro, el equipo, los 91 bailarines, en sí el
propio Teatro…
¿Qué diferencias habéis notado entre vuestro cuerpo de
ballet y los anteriores en los que has estado?
El nivel del Royal está fuera de serie: la mayoría de los bailarines
vienen de la escuela, la precisión, la perfección de los
componentes….
Estáis en el Teatro Real, el Royal es el ballet que abrió hace
veinte la reinauguración de este espacio y actuáis con la
obra El lago de los cisnes.¿Cómo te marca esta obra en tu vida
como bailarina y qué se siente en realizarla aquí?
Una oleada de recuerdos, de comenzar en el Teatro Real con
la compañía de Víctor Ullate, de la niña que era y de todo este
tiempo de mi carrera. Para mí es una mirada atrás de veinte
años de mi carrera; en ese momento nunca hubiera pensado
estar aquí ahora, no era mi meta y es increíble haber llegado
tan lejos. Me pellizco para creérmelo. Y estar al máximo nivel,
y bailando con jóvenes de la compañía que no habían nacido
(risas). Es un círculo.
El Royal Ballet retransmite en directo las obras a cines de
todo el mundo; imagino que la presión es mucho mayor.
¿Cómo se viven entre bambalinas estos estrenos?
Tiene mucha presión. Ya en los camerinos vemos en los televisores
la retransmisión del teatro, los presentadores y los países
que lo están viendo. Y a todos esos países. Eres consciente quede 2500 personas se pasa a millones, y además los familiares y
amigos te dicen que te ven desde cualquier parte el mundo en
que se encuentren, te llegan mensajes
de todo el mundo, la presión
es mayor, pero somos profesionales
y nos entregamos.
¿Está el Royal Ballet contento o
incentivado con la proyección de
estas puestas en escena?
Ha sido una idea magnífica, es
llegar a más público, es dar acceso.
La imagen del ballet era de la alta
sociedad, de gente erudita. Creo
que había que quitar un poco eso: el arte y la cultura es para
todo el mundo. Hay que inspirar a las jóvenes generaciones.
Esto da acceso a familias: la danza de mejor calidad desde casa.
Y eso antes no se podía. Esto enriquece la sociedad.
Las proximas obras que retransmitis son:
Mayerling – 15 de octubre, La Bayadère – 13 noviembre,
El Cascanueces – 3 de diciembre, Don Quijote – 19 de febrero
Mix Ballet – 16 de mayo Romeo y Julieta (ballet) – 11 de
junio ¿En qué papeles te podremos ver y en cuáles te sientes
más a gusto?
Mayerling, Marie Larisch: amante del príncipe, le embauca,
muy lianta, como todos los ballets de MacMillan. Siempre
hago de amante o prostituta en sus ballets. Mi madre me dice:
«¿Cuándo vas a hacer de princesa? (risas).
Los papeles de MacMillan son diferentes, y personajes profundos;
me encanta bailar sus coreografías. El cascanueces, que es
para todas las familias. Y es una de las piezas icónicas del Royal.
Mayret no es para niños: hay drogas, hay muertes. Es fuerte,
bastante oscuro…Tenemos un repertorio muy variado.
El sector del ballet en España no tiene muchos espacios de
comunicación, como son las revistas. Aun así, la oferta de
danza sí que es amplia, como el CND, BNE, Víctor Ullate…
Sí que creo que tenemos una muy buena base. Por eso en
Excelentia estamos comprometidos desde nuestro inicio.
¿Por qué crees que no hay tantos medios especializados en
el sector?
No sé, pero seguimos hablándolo veinte años. Y creo que se ha
empeorado: compañías que han tenido que recortar, cierres…
Es un tema político. Hay la manía de que cada vez que cambia
un gobierno cambia todo lo anterior de otro. No miran por la
sociedad, miran por ellos mismos en vez de apoyar lo bueno.
España lo malo que tiene es que es un poco envidiosa. Es individualista,
y al final la que sufre es la sociedad.
¿Quién es tu referente en la danza?
Es la pregunta que siempre me hacen, y siempre digo que
nadie. Siempre he querido bailar. Más tarde en mi carrera sería
Lucia Lacarra, que es vasca también. Yo quería bailar, no ser
como nadie.

 


Tu obra preferida.
Unas cuantas. De más joven, Giselle. Otro sueño fue El pájaro
de fuego; por ese rol me ascendieron a principal en Alemania,
fui nominada a los Benois, los Oscar de la danza… Y con el Royal
Ballet me entrenó Monica Mason. Pero el mayor, fue hacer
Tatiana de Onegin. ¡Y en el Royal! Fue un sueño hacerlo en ese
escenario. Llegué a lo máximo.
¿Cuál es vuestra inquietud o aspiración en este mundo de la
danza?
Me encanta la docencia, mis padres son los dos profesores,
nada que ver con la danza, pero me gusta mucho ser docente.
Me saqué la titulación hace cuatro años y ya he comenzado en la
escuela del Royal.
Yo soy un gran defensor de la
mujer en todos los ámbitos. ¿Es
machista el mundo de la danza
con la mujer?
No, para nada. Creo más, te digo:
pocas situaciones, pero no se
generaliza. Hay cada vez más roles
femeninos en el Royal, se tiene
cuidado con ello, es importante.
¿Qué le dirías a los jóvenes que
aspiran a tener una carrera en la danza?
Que van a trabajar mucho, que tienen que trabajar mucho. Hoy
en día se quiere el resultado inmediato. La danza clásica no es
así, es dedicación. Y sobre todo amarla. Es algo que tienes que
amar. Yo he disfrutado tanto cuando estaba de figurante como
ahora de principal, disfruté cada etapa de mi carrera. En el
Ballet de Zúrich, con unos de los copos de nieve, cuando empezaba
a nevar yo disfrutaba muchísimo, me decía: «esto me hace
feliz». No necesitaba más. En vez de querer ser. He llegado muy
alto, pero disfrutándolo todo