Por Ana Casado

Fundación Excelentia ha impulsado esta temporada la ópera en familia, un proyecto para acercar a todos los públicos este arte y disfrutar juntos de increíbles historias llenas de música.

En ocasiones se piensa que la ópera es un espectáculo para «entendidos», para un público minoritario y elitista educado de una manera específica y sesuda que le confiere la propiedad de  poder apreciarla en todas sus dimensiones. Nada más lejos de la realidad. La ópera siempre ha sido escrita de cara al «pueblo», a la gente de a pie en épocas en las que otras fuentes de ocio no se conocían y personas de toda condición asistían a descubrir los libretos, ávidos de historias y de música conmovedora que llevarse en la memoria al salir del teatro. La ópera nació como espectáculo popular: todos los niveles educativos y adquisitivos estaban invitados a la gran fiesta de la ópera, y solo con el tiempo se ha ido vinculando con una clase social determinada. Fundación Excelentia ha querido recuperar este espíritu y acercar esta temporada la ópera a niños de todas las edades y a sus familias. Una oportunidad única de compartir una historia llena de música… ¿Cómo no iba a seducir este plan a los más pequeños?

Creando público

La sala llena, se oscurecen las luces y un tenso silencio precede al inicio de la función. Los niños, con los ojos bien abiertos, observan todo con detalle: la novedad les mantiene con la atención al máximo. La función se desarrolla entre caras de emoción, risas, tarareos y sorpresas. Al salir, todos comentan la historia, cómo cantaba este o aquel, qué parte les ha resultado más interesante… Han visto una ópera y les ha gustado. ¡Les ha encantado, de hecho! Y por ello volverán, porque han creado un vínculo con sus familias hacia este espectáculo, el más completo y apasionante del reino de la música.

La educación musical y la exposición a la música en edades tempranas es fundamental para fomentar el gusto musical y artístico en general. Los beneficios de que los jóvenes escuchen ópera son de sobra conocidos: desarrolla la imaginación, la capacidad de atención y concentración, la sensibilidad artística y el amor por la música, además de mejorar la comprensión en el desarrollo de tramas y en la evolución de los personajes.

Cuéntame una ópera

«Érase una vez…» ¡Cuántas historias maravillosas detrás de estas tres palabras! A los niños —y no tan niños— les encantan  las historias. De hecho, no se cansan de oír la misma historia una y mil veces hasta conocerla de memoria, sin admitir un solo error en el discurso original si por olvido cambiamos un dato o personaje. Los niños disfrutan de la magia de los cuentos y más aún si los comparten con sus padres, afianzando lazos afectivos. La familia sigue siendo el primer ámbito educativo y socializador, tanto en el tiempo como en importancia. Si pensamos en nosotros mismos seguramente descubriremos que nuestra afición al coleccionismo, a la pintura, a la música o al deporte, se debe fundamentalmente a las costumbres que veíamos en casa; los niños lectores, por ejemplo, proceden en su inmensa mayoría de familias lectoras, en las que desde muy pequeños se les fomenta el gusto por la lectura de una manera natural, porque observan a sus padres leer y disfrutar con la lectura, porque les oyen hablar de lo que están leyendo en ese momento y porque viven rodeados de libros, que se convierten en objeto familiar y querido.

Con la música pasa exactamente lo mismo. Inculcar estas aficiones en los niños, cuando aún son muy pequeños, es fácil si se hace de una manera natural y sin forzar. La música debe suponer un tiempo de relajación y disfrute. Los pequeños imitan a sus mayores; por eso, compartirla en familia es fundamental. Poner música en casa y disfrutar todos de ella o acudir a conciertos en familia, viviendo una experiencia única e inolvidable, son actividades que dejarán impronta en el gusto musical de los más pequeños y, por supuesto, en su educación.

La ópera es un paso más. Desde el punto de vista artístico, es el espectáculo más completo: música, canto, baile, teatro, escenografía.

Sin embargo, no cabe duda de que resulta más difícil para los niños y generalmente también para los mayores. ¿Cómo podemos hacer que la disfruten, entonces? Esta es la pregunta que se hace Fundación Excelentia a la hora de programar sus conciertos en familia. Una ópera cuenta una historia o, mejor dicho, canta una historia. Muchas de las canciones que los niños aprenden en los primeros años cantan también una historia. La dificultad estriba en el idioma y en el ritmo lento con que la ópera desarrolla un argumento; por supuesto, también en que muchos de los libretos de las óperas no son, ni mucho menos, historias para niños. Debemos emplear por lo tanto el mismo método que con la música en general: fragmentos cortos, especialmente expresivos. Además, tenemos que adaptar a su edad el argumento, narrándolo como si fuera un cuento, muy resumido y evitando datos que no son fundamentales ni adecuados para ellos.

Todo esto y mucho más es lo que ocurre en las óperas para niños representadas esta temporada en el Auditorio del Palacio de los Duques de Pastrana, y de las que tengo el privilegio de formar parte.

Cuatro títulos inolvidables

El Auditorio del Palacio de los Duques de Pastrana cuenta con 486 butacas ocupadas por familias los días de ópera. En el escenario escenario, la Orquesta Clásica Santa Cecilia dirigida por maestros de prestigio como José Luis López Antón o Lavard Skou Larsen y las voces de los jóvenes talentos del momento: Jesus Cantolla, Miguel Borrallo, Idoris Duarte, Manuel Mas, Blanca Valido, Daniela Vladimirov, Luisa Corbacho y un largo etc. Los títulos no podían ser más apetecibles: La Traviata, RigolettoLa flauta mágica y La Bohème, cuatro pilares de la ópera de todos los tiempos para descubrir al público libretos fascinantes llenos de algunos de los momentos más sublimes de la historia de la música.

Las funciones son semiescenificadas: el espacio donde acontece la acción se proyecta en el fondo del escenario, envolviéndolo todo y mostrándonos el contexto de cada cuadro y escena. Los cantantes aparecen ricamente caracterizados con el vestuario propio del papel que desarrollan y algunos elementos de atrezzo terminan de otorgar la sensación de gran espectáculo llevado a un formato más familiar. Con 60 minutos por delante, las óperas no se representan íntegramente, sino solo los momentos más significativos. Nadie se pierde en el argumento, puesto que estas funciones cuentan con un personaje más: la narradora-presentadora —aquí presente—, que no solo da las claves didácticas para comprender quién compuso la ópera y en qué época, sino que desgrana toda la trama argumental paso a paso, explicando el libreto a modo de cuento, con un lenguaje asequible para todas las edades, haciendo la comprensión mucho más sencilla. Y este es el secreto del éxito de esta temporada: ópera contada y cantada, comprendida y disfrutada por toda la familia.

Niños, padres, abuelos…, todos juntos disfrutando del poder de la ópera. Mozart, Verdi o Puccini se convierten así en nuevos conocidos para los más jóvenes, y gracias a ello la tradición se transmite de padres a hijos, compartiendo belleza y cediendo el testigo a los más pequeños del gusto por la buena música de una forma divertida, lúdica y entrañable.

Seguro que la próxima temporada volverá a sorprendernos con mucha más ópera cantada y contada.