DIRECTOR ARTÍSTICO DE LOS FESTIVALES DE ZARZUELA Y DANZA DEL TEATRO CAMPOAMOR

¿Cómo nace su afición a la música clásica en especial a la zarzuela y a la danza?
De una combinación que, creo, es la clave del aprendizaje cultural. De un fomento desde la familia al que se une un interés especial por parte del sistema educativo. Tuve la suerte de que en mi casa hubiese interés especial por la música clásica y siempre se buscó que tuviese en la lectura otra herramienta básica para mi desarrollo personal. Si a esto le unimos un profesorado, en la enseñanza pública, especialmente volcado con sus alumnos, no solo en las asignaturas, sino en la búsqueda de actividades culturales como complemento a las clases, se entiende que ante nosotros se impulsó un afán por el conocimiento de las artes, su disfrute, destacando la importancia que habría de tener en nuestro desarrollo vital.

¿Cómo evalúa la educación musical y de danza del público español?
En estos momentos la educación musical y de danza, las enseñanzas artísticas en general, están absolutamente marginadas en el sistema educativo. Somos un desastre absoluto en el contexto europeo y se están formando analfabetos culturales de manera continua. Tenemos ya ejemplos, y llegarán más en el futuro, en una clase política a la que la cultura le interesa muy poco y que puede causar unos daños irreparables al patrimonio cultural español.

¿Cuál es su teatro/auditorio preferido?
El Teatro Campoamor, sin duda, es mi teatro de referencia. En una capital de provincias de tamaño medio el Campoamor ha presentado y presenta espectáculos de nivel internacional. Permite a la ciudadanía el contacto con artistas de élite. Es el corazón cultural de Oviedo, define la personalidad de la ciudad, a través de la ópera, la zarzuela y la danza, y también del teatro de prosa, del cine de autor, de conciertos e incluso de actividades literarias. Es un teatro lírico, desde su creación en 1892, pero con un alma ecléctica capaz de reunir a los públicos más diversos. Esa transversalidad la tiene en sus genes, eso sí siempre con la lírica como estandarte.

¿Qué tres piezas musicales no se perdería por nada del mundo? ¿ Y de danza?
¡Ojalá se pudieran escoger tres obras musicales o tres creaciones de danza! ¡Es imposible! En todos los grandes creadores se encuentran obras que te hacen tocar el cielo. Pero si hubiese que optar, J. S. Bach, estaría sin duda en ese edén soñado del que también forman parte los hermosos ballets románticos o las maravillas “revolucionarias” que cambiaron para siempre la historia de la danza a comienzos del siglo XX.

¿A qué compositor le hubiera gustado conocer o conoce? ¿ Y bailarín?
Hubiera sido muy interesante transitar por ese cambio de época, ¡y de mundo! que discurre entre Haydn y Mozart con Beethoven. Ahí se encierran claves esenciales de la historia de la música. Y, sin duda, una personalidad tan compleja como Wagner también merecería un buen encuentro. Vaslav Nijinsky, en el mundo de la danza, es otra personalidad fascinante.

¿Cuál es su cuadro favorito y que música le pondría?
Las meninas de Diego Velázquez por encima de todo. La música, no hay duda, cualquiera de los compositores de corte del Barroco español. Un patrimonio aún, por desgracia, demasiado desconocido entre nosotros.

¿Recuerda algún concierto que le haya marcado en su vida?
Muchos. No hay uno solo. Sin duda, cuando en plena juventud escuchas por vez primera en vivo las grandes obras de repertorio y comienzas a asimilar la inmensidad de ese patrimonio. Su valor cualitativo para la humanidad y su vigencia que se mantiene siglos después de su creación.

¿Cree usted que en nuestra época faltan mecenas que apoyen el arte?
Lo que no tenemos, concretamente en nuestro país, es una ley de mecenazgo adecuada que fomente a quien quiera destinar parte de su patrimonio al fomento de la cultura. Como es una carencia que viene de largo, no tenemos una tradición arraigada en este ámbito.

¿Qué haría para incentivar sus apoyos?
La prometida ley de mecenazgo que nunca llega. Siempre hay una disculpa para aparcarla. No hay nada más rastrero que aprovechar la crisis económica para justificar la inoperancia política para sacar adelante una normativa más acorde con los países de nuestro entorno. Oculta la realidad: el desprecio de la clase política, en general, hacia la cultura.

¿Qué obra o artista le representa la danza?
Quizá el coreógrafo Marius Petipa es uno de esos pilares esenciales sobre los que se asienta el esplendor del género.

¿Cuál es su género musical preferido? Ópera/música sinfónica/ oratorio/zarzuela…?
Todos los géneros conforman un legado conjunto. Es un error separar, porque la propia música se entrelaza. No se entiende sin la mezcla, sin las influencias que se han ejercido entre diversas escuelas. La música, en sus diferentes géneros, es intercambio y ahí está su esencia.

¿Y artístico plástico?
Los pintores del Siglo de Oro español, las vanguardias de inicios del siglo XX y la búsqueda continua de los artistas plásticos contemporáneos. En cualquiera de esos caladeros hay muchos nombres que son favoritos sin dudarlo.

¿Cree que en España valoramos suficiente nuestra música y nuestros músicos?
La valoración del patrimonio musical español entre nosotros es muy baja. Es un problema que se arrastra desde el siglo XIX. Una lucha que tuvieron los propios compositores españoles para poder sacar adelante su trabajo. En el XIX hay sensacionales compositores de sinfonías, de ópera y de zarzuela o de música de cámara que permanecen arrinconados. Pero también mucha de nuestra música del Renacimiento o del Barroco aún no ocupa el lugar que se merece por su calidad en las programaciones de los auditorios.

¿A quién le daría premio nacional de música?
El Premio Nacional de Música suele tener un magnífico jurado que lo elige cada año. Casi siempre estoy de acuerdo con sus decisiones puesto que todo lo que sea poner el foco en la creación ha de ser bienvenido.

¿En algún momento de su vida ha sentido el síndrome de Stendhal?
El propio Stendhal lo sintió en Florencia. Quedan muy aparentes, en el mundo romántico, el éxtasis y los sofocos cuando las clases acomodadas inglesas se lanzaban al Grand Tour. La emoción ante las grandes obras artísticas es algo muy personal que cada uno experimenta de forma diferente. Indudablemente marcan tu vida, indican un camino a seguir.

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